miércoles

¡Qué pesadilla! El sistema educativo en México

Por: Ana María Schwarz
twitter: @anaschwarz
Para quienes nos desempeñamos en el área educativa, cualquiera que sea el nivel en el que laboramos, sufrimos un terrible malestar al tener que reconocer que México sea tan mal evaluado por los organismos internacionales encargados de hacer evidentes los logros o rezagos de las naciones; en especial la OCED (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico ) uno de los responsables del informe PISA, sobre la evaluación del nivel de formación de los 30 estados integrantes en donde se incluye nuestro país.
Según el informe presentado por ese organismo a principios de este año, los estudiantes mexicanos tienen el más bajo nivel educativo entre los 30 miembros de ese organismo: son “incapaces de resolver problemas elementales” (Contralinea.com 31/01/2010).
Como respuesta a este terrible hecho, la numerosa planta docente de este país, debe cumplir con los programas establecidos, esforzarse aún más por lograr cada uno de los objetivos propuestos en su plan individual de trabajo y también deberá tratar de innovar la metodología que será utilizada, entregando lo mejor de sí.

Sabemos bien que si el 100% de los maestros del país realmente se comprometiera, los cambios serían muy evidentes a un corto plazo, pero también sabemos que eso resultaría insuficiente ante la grave situación que vive el sistema educativo mexicano en general.
Transformar o romper la estructura de nuestro sistema actual puede ser sólo una pequeña parte de la solución. El bajo nivel de la educación del mexicano no se limita a una estructura operativa ni a la necesidad de mejorar la capacitación del magisterio; tampoco al diseño de un nuevo proyecto nacional que finalmente lograre transferir la teoría a la práctica docente. Nada de esto sería suficiente para abatir el grave rezago, y lograr generar más y mejor desarrollo social.
El sueño tan anhelado de la calidad educativa es aún muy lejano, simplemente porque muy pocos mexicanos tienen claro este concepto, mucho menos conocen lo que esto involucra, y peor aún, existe poco interés y compromiso hacia el tema.
Educar para la vida, para la productividad, para desarrollar nuestra sociedad, buscando la forma de salvar la brecha de inequidad que nos ahoga (iguales oportunidades entre sectores y entre regiones), no ha pasado de ser un mero discurso que algunos notables han colocado en un pedestal. La verdad es que sí se han realizado esfuerzos importantes, pero también es cierto que no hemos logrado definir cuál es exactamente el punto medular que no permite que el país avance debidamente.
En este desinterés generalizado, hemos ido posponiendo los temas que nos despiertan temor y que preferimos encubrir disimuladamente. ¿Cuáles son estos temas que gobierno y sociedad ignoran, o simplemente no logran penetrar? Podemos mencionar cinco de ellos.
Primero, el sentido humanista. Hemos fallado en entender el proceso educativo como una actividad social que se centra en el ser humano, y que este ser humano depende de la realidad en la que vive; una realidad que hoy es confusa, en donde la incertidumbre es lo único certero. Invertir en las personas es sin duda la mejor inversión, aunque el sistema económico actual no lo considere así.
Segundo, lo nuevo y lo tradicional. La educación antigua tenía rostro e imagen de autoridad real: el padre, el abuelo, el maestro. Hoy, la autoridad se convirtió en autoritarismo disfrazado, pues permite una libertad mal entendida, no definida, que se rige por un sistema y no por personas. Imponemos reglas que no siempre cumplimos y al mismo tiempo somos complacientes y permisivos. Fingimos apertura y tolerancia, cuando no somos capaces de apreciar e identificar talentos, preferencias y necesidades.
Tercero, razonar o sentir. Educamos para desarrollar seres racionales y nos olvidamos de los sentimientos y de la espiritualidad. El conocimiento por sí solo no es suficiente para transformar nuestra cultura y formar a las nuevas generaciones con un espíritu crítico y progresista.
Cuarto, la motivación. Una grave carencia entre los estudiantes mexicanos a todos los niveles es sin duda la falta de motivación. Familia, escuela y sociedad no se han esforzado lo suficiente para adecuar el entorno, y brindar suficientes oportunidades de vida plena para las nuevas generaciones. Ante la falta de claridad viene la desmotivación.
Quinto, desarrollar el ser. Decía el filósofo Bertrand Russell que para que un niño o un joven puedan encajar en la sociedad y funcionar cuando sea adulto, lo primero que debe aprender es que él no es el centro del universo. Esto requiere de guías equilibrados, informados y ubicados en nuestra realidad social, política y cultural. Hemos maleducado en el egoísmo lugar de educar en la generosidad, y repetimos los errores sistemáticamente de forma inconsciente.
Los mexicanos, niños, jóvenes, adultos, vivimos una crisis cultural de identidad, que no permite que identifiquemos nuestros valores actuales, no los del pasado (aunque nos resistamos a reconocerlo), una crisis que nosotros mismos creamos, que nos impide dar soluciones a nuestros principales problemas nacionales; fallamos, nos equivocamos y nos seguimos equivocando, encarando sólo las causas externas de los problemas, sin intentar desenmascarar sus orígenes para cortarlos desde su raíz.
De ahí tanta inseguridad, narcotráfico, delincuencia organizada; de ahí tantos grupos de choque y tanto descontento social como parte de una realidad que no entendemos, y que nunca quisimos reconocer, porque somos indiferentes a los problemas de México. Hemos dejado en manos de los gobiernos muchos problemas que nosotros, cada ciudadano, podemos ayudar a resolver.
En estos tiempos resulta imposible dejar de comentar con nuestras familias y con las amistades ¿Qué se puede hacer por mitigar la terrible problemática que vive el país? ¿Qué se puede hacer con los niños mexicanos a la escuela y en el hogar?
Debemos tener una respuesta amplia y clara. Comencemos a trabajar para que la certidumbre sustituya a la incertidumbre, y así logremos transformar nuestra propia realidad nacional.
(La autora tiene una Maestría en EDUCACIÓN por el IPLAC y se ha desempañado en este campo por muchos años, desde los niveles preescolar hasta Universitario. Ha sido maestra de la Universidad de Monterey.)

1 comentario:

  1. Excelente análisis. Tampoco creas que el informe PISA deja a España en buen lugar. Comparto muchos de los argumentos de tu análisis, y sobre todo el primero: "Invertir en las personas es sin duda la mejor inversión, aunque el sistema económico actual no lo considere así." Y no lo considera así porque hoy todo se mide por el rendimiento a corto plazo, por la inmediatez, por lo pragmático. No hay la suficiente paciencia para entender que los frutos de la inversión en educación son similares a los de los árboles, que necesitan su tiempo para que degustemos las manzanas, las peras, las naranjas, los limones...

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