El caso de México preocupa especialmente, porque en todos los ámbitos los LIDERAZGOS actuales no son lo suficiente fuertes ni lo suficiente auténticos, como para revertir los terribles problemas que estamos enfrentarlo.
De la política a las organizaciones sociales, de las empresas privadas al deporte, e incluso en las religiones, hacen falta LÍDERES verdaderamente comprometidos con la gente.
Lo que menos necesita este país son personalidades enfermas de poder y ambición, egocéntricas y egoístas.
Recordando la muerte de Don Alejo Garza Tamez mientra defendía su propiedad en una lucha armada contra narcotraficantes, una lucha muy desigual por cierto, mostraron al mundo que hay valores que aún se practican en algunas regiones del país.
Don Alejo, además de ser un héroe porque logró que su progiedad no pasara a manos del crimen, es además un ejemplo para lo líderes de este país.
Los verdaderos LÍDERES no sólo promueven acciones a favor de otros, sino que además motivan, planean, organizan, dirigen y controlan sus actos; y con ello generan admiración y respeto.
El LIDERAZGO como tal, emergió como un mecanismo de ayuda para resolver problemas simples hace miles de años. Esos primeros LÍDERES desarrollaron acciones colectivas en situaciones de conflicto tales como la necesidad de mantener la paz y la unidad de sus grupos.
En las antiguas sociedades humanas igualitarias, se propició la aparición de un LIDERAZGO basado en el prestigio de su líder y su finalidad era facilitar la coordinación del grupo en beneficio de todos.
