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Juventud Actual y un Nuevo Modelo Familiar

LA JUVENTUD ACTUAL Y UN NUEVO MODELO FAMILIAR
El modelo social tradicional que define funciones y relaciones familiares está prácticamente agotado. Las formas de relacionarse al interior del hogar en las distintas culturas, se va abandonando poco a poco, al igual que los modelos patriarcales. Este cambio nos obliga a adaptarnos a una forma de vida en la que las obligaciones y los derechos, se comparten con mayor equidad.
La globalización cultural dio inicio a una erosión en las bases conservadoras de la sociedad, y el cambio ha sido visible especialmente entre los jóvenes, quienes se resisten a copiar y repetir la vida que vivieron sus padres y sus abuelos.
De forma simplista, algunas personas endosan la culpa de esta situación irremediable, a los vertiginosos cambios en los roles de las mujeres. Las oportunidades que ahora se abren para muchas de ellas están poniendo en duda su antes “natural” vocación hacia el matrimonio y la maternidad. Su mayor presencia en ámbitos profesionales y productivos, y las oportunidades de conocer y vivir de forma distinta, han minimizado los roles tradicionales.
Es injusto culpar solo a la mujer como causa principal del incremento en el número de divorcios, prejuzgando su irresponsabilidad sin aceptar que lo que se debe plantear y analizar, es la disfuncionalidad de las parejas jóvenes que llegan al matrimonio más por una inercia convencional o un mandato social, que por una vocación de estabilidad y trascendencia.
Es muy común que el enamoramiento lo confunden con el amor y la presión social los lleve a cumplir las expectativas que sus propios padres visualizaron para ellos. Desde este punto de vista, toda la sociedad deberá cargar con un poco de responsabilidad.
La familia continua siendo un buen modelo social, pero los modos de ser y convivir dentro de la misma se deben modificar para dar paso a relaciones equitativas de colaboración compartida.
Han quedado fuera de la realidad actual los mitos sobre la figura femenina abnegada, la idea de una masculinidad dominante y controladora, el paradigma de una paternidad autoritaria y la falta de equidad en la toma de las decisiones.
Los valores familiares persisten, continúan, pero no alcanzan a definirse ni a concretarse bajo la sombra de algunas tradiciones que no practican la congruencia.
Con todo y los defectos que se puedan señalar al estilo de vida moderno, muchos jóvenes han aprendido a reconocer como importante este valor, y a rechazar las actitudes de prejuicio; la falta de coherencia entre el decir y el hacer, y la doble moral que en muchos casos han vivido dentro de sus familias; costumbre muy arraigada en las generaciones anteriores.
Hoy muchos jóvenes desean ser auténticos y a veces lo logran. Ellos conciben la vida como un todo, en el que deben de tener una sola actitud en todas sus acciones. Para ellos es importante dejar de juzgar a quienes son diferentes a ellos mismo, y a quienes decidan vivir de otra forma, olvidándose de “cuidar las apariencias”.
Esto me recuerda una famosa frase de Mahatma Gandhi: La vida es un todo indivisible, nadie puede hacer el bien en un espacio de su vida, mientras hace daño en otro.

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