Hace algunos años me tocó pasar un
1o de mayo en Londres y ver con mis propios ojos las protestas de los jóvenes “Anarquistas”
ingleses, quienes manifestaban de forma violenta y aparatosa, su sentir contra su sistema de gobierno y
contra un estilo de vida que no les favorece lo suficiente.
De igual forma, el pasado mes de
octubre pude observar un plantón de los llamados "anonimus" frente a
la Catedral de ST Paul en esa misma ciudad, y platicar con algunos de los ahí
plantados, que aunque aun eran jóvenes, ya no eran estudiantes y muchos de
ellos contaban con post grados y estudios de gran nivel.
En ambos casos mi reflexión
personal me remitió a los jóvenes mexicanos, pero no a esos estudiantes que
como gran moda se fueron a protestar en días recientes en contra de la forma
por demás reprochable con la que el PRI está manipulando la información a favor
de su candidato a la presidencia.
Mi reflexión ante las protestas de
los británicos fue en función a los
millones de mujeres y hombres jóvenes de este país que no asisten ni asistirán jamás
a una universidad y que ni siquiera
están enterados de que tienen el derecho a reclamar y a manifestarse.
Para ellos y ellas en su destino hay solo dos opciones: Una es ser presa de grupos políticos faccioso
surgidos del PRI y del PRD que los usan como grupos de presión, los corrompen y
los utilizan como voto duro en tiempos electorales. La segunda opción es emigrar a los Estados Unidos.
Se bien que existe una tercera opción y que hoy por hoy es muy socorrida: ingresar a los grupos de la delincuencia organizada. De ese tema no deseo hablar el día de hoy.
Lo cierto es que convivir con la pobreza en México es tan doloroso, y más doloroso aún es no encontrar un modelo verdaderamente efectivo que asegure oportunidades de desarrollo de manera equitativa a todos y a todas.
Se bien que existe una tercera opción y que hoy por hoy es muy socorrida: ingresar a los grupos de la delincuencia organizada. De ese tema no deseo hablar el día de hoy.
Lo cierto es que convivir con la pobreza en México es tan doloroso, y más doloroso aún es no encontrar un modelo verdaderamente efectivo que asegure oportunidades de desarrollo de manera equitativa a todos y a todas.
Comparando el destino de estos mexicanos
y mexicanas las protestas de los británicos me parecieron muy ligeras, aun considerando que con clara inequidad, ellos han tenido mayores y mejores opciones de
desarrollo que los millones de mexicanos marginados.
Entiendo muy bien que después de todo, lo relevante en
estas dos circunstancias dependen del lugar en donde pisan nuestros pies.








